El Tema del Molino

Autor: Julián Robles

Los molinos ocuparon lugar al lado de los numerosos riachuelos que discurrían por la montaña leonesa, convirtiéndose en lugar de paso obligado, siendo lugares de reunión de jóvenes y viejos de las aldeas próximas, donde se crearon leyendas y canciones de ronda, requiebros de amor, desenvueltas letrillas («No quiere mi madre —que vaya al molino, —porque el molinero —me rompe el vestido…»).

Como decía Mariano D. Berrueta, «el molino es un lugar de conversación; llega un paisano con trigo para la molienda y allí ha de esperar sentado de charla con el molinero o la molinera. Y la copla nace de estas pláticas y de las malicias correspondientes».

Un sencillo concurso de coplas y romances leoneses fue suficiente para recoger trescientos romances y unas catorce mil coplas, que dieron lugar a un magnífico estudio realizado por Mariano D. Berrueta en los albores de la década de los años cuarenta del anterior siglo.

Ya entonces, el autor mencionaba que eran varios los paisanos que al mandar un buen montón de coplas decían que con las que les quedaban podrían llenar un costal y que no las enviaban por falta de papel o por no molestar a sus vecinos, pues la mala letra y la distraída ortografía hacían difícil la lectura de los cantares escritos por aquellos que conservaban en la memoria tanto conocimiento, necesitando la ayuda de un copiador o «memoralista» dispuesto siempre, sobre la mesa de la cocina, con un tintero de cuerna y una pluma pinturera, a recoger los recuerdos de los mayores.

Tengo mi cuerpo de coplas

que parece un avispero

picándose unas a otras

por ver cual sale primero.

La selección de canciones, para eliminar las que correspondían a cancioneros de otras regiones fue una labor muy importante, pues como Mariano D. Berrueta nos decía, «la copla nace y a poco de nacer, si ella es aceptada, va corriendo de boca en boca, y recibiendo modificaciones por el camino, y nadie sabe después de donde partió ni donde acabará su carrera».

Así, en sus escritos recoge una copla de origen sevillano, recogida por Francisco Rodríguez Marín por los años de 1881, cuyo autor se llamaba Vicente Adrián, anciano cajista que en sus años de la mocedad, enamorado y celoso con el primer amor, compuso la popularísima copla:

 

Es tu querer como el toro

que donde le llaman va,

y el mío, como la piedra,

donde lo pones está.

 

Esta copla, fue recogida entre las coplas leonesas, pues circulaba por la región sin que nadie supiera al cantarla la genealogía de la canción ni su origen sevillano de hacía entonces acaso un siglo, consecuencia de que la copla es un producto de un ingenio, erudito o analfabeto, y nace aquí o allá, y si la copla es acertada y graciosa, es admitida y ya pasa a ser propiedad del que la canta y pasa a ser del pueblo en que se encuentra, siempre que las tradiciones que ella refleja, la forma de mirar la vida, el medio descrito, sean identificados como propios.

Otras coplas, pasan al acerbo popular, y son modificadas por anónimos cantores, siendo ya de todos —para Mariano D. Berrueta, aquello de «no con quien naces, sino con quien paces», es perfectamente aplicable a las canciones que el pueblo canta, y coplas que se cantan en otras partes, no hay que rechazarlas como no regionales, siempre que tengan algo castizo en la región donde se encuadren.

He aquí la selección de coplas que llegaron a sus manos, después de una razonable selección de aquellas que recogían las hondas raíces del sentimiento leonés, transmitidas verbalmente de generación en generación, llamadas a desaparecer, que resonaban en nuestras aldeas, sobre el tema del molino.

  

A la puerta del molino,

sentada, la molinera,

mirando para el camino,

no se sabe lo que espera.

 

Tiene la molinera

finos corales,

del trigo que maquila

pa los chavales.

 

¡Ay! molinera,

dale con aire,

dale a la rueda,

dale al molino que muela.

¡Ay! molinera,

dale a la rueda,

dale con aire

al molino que muela.

 

Molinera, molinera,

la del valor escogido,

te traigo mi corazón

pa molerlo en tu molino.

 

Con el aire que lleva

la molinera,

con el aire que lleva

muele la piedra.

 

A robar corazones,

vas al molino,

no me robes el mío,

molinerillo.

No me robes el mío,

no me lo robes,

no me robes el mío

que está en prisiones.

 

A la puerta de un molino

me puse a considerar,

las vueltas que da una piedra

y las que tiene que dar.

 

Tienes unos ojos, niña,

como piedras de molino,

que muelen los corazones

como los granos de trigo.

 

Niña, si vas al molino,

procura de no ir sola,

que hay allí un molinerito

que gasta mucha parola —labia, verbosidad—.

 

Tiene la molinera,

ricos pendientes,

de la harina y el trigo

y los pretendientes.

 

Con el ruido de la piedra,

el oído se entontece,

ni sé si quieres que marche

o si quieres que me quede.

 

A la puerta del molino,

dejé atado el animal,

cuando salí a deshora,

no quedaba ni el ronzal.

 

En el molino que está

anpié de la carretera,

por blanca que sea la harina

más blanca la molinera.

 

Para hacer ver que tienes,

trigo y hacienda,

llevas a los molinos

sacos con tierra.

 

Molino que estás moliendo

el trigo con tanto afán,

tú estás haciendo la harina

pa que otro se coma el pan.

 

La molinera, tiene corales,

el molinero, corbatín,

las muchachas, ringondangos —alta alcurnia—,

todo sale del molín.

 

Y despedimos este texto, con las mismas palabras, más que suyas, tuyas y mías, que D. Mariano D. Berrueta, utilizara para cerrar el magnífico estudio realizado en los comienzos de la década de los años cuarenta del anterior siglo sobre el cancionero leonés:

 

La despedida vos doy

que el pandero se destempla,

o me dais otro pandero

o aquí termina la fiesta.

Bibliografía:

Gironi Cabra, Gabriel. 1875. Manual del molinero. Madrid: Librería de Cuesta.

Domínguez Berrueta, Mariano. 1941. Del cancionero leonés. León: Proa, diario de Falange Española de las JONS.

By : admin /febrero 16, 2015 /Patrimonio Cultural /Comentarios desactivados en El Tema del Molino

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