Doctrina Social y Espiritualidad

La Doctrina Social de la Iglesia no conoce límites temporales ni geográficos a la hora de establecer una base para la construcción de comunidades que persiguen el bien común. CIDECOT, con la colaboración de todos los que se sientan interesados, asume como propios y promueve los principios de la Doctrina Social y su aplicación a la tarea de construir comunidades más cohesionadas para trabajar en favor de un desarrollo sostenible y bienestar en las áreas rurales del ámbito del Proyecto para la Montaña Leonesa. La actividad humana “está llamada a promover la dignidad integral y la vocación de la persona, la calidad de las condiciones de vida, y la reunión en solidaridad de pueblos y naciones” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 35).

Como escribió uno de los autores en los orígenes de la Iglesia, los cristianos “adoptamos plenamente nuestra función como ciudadanos”, y “debemos trabajar para una mejora de este mundo”(Gaudium et Spes, 21) . La participación de los católicos en la vida social, económica y política está basada en valores fundamentales que nos inspiran en nuestro servicio, y está guiada por principios centrales con el fin de comprender el amplio rango de temas sociales, económicos y políticos, así como para construir estrategias y prioridades (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia). Estos valores fundamentales son cuatro: 1) Verdad; 2) Amor; 3) Libertad; y 4) Justicia. Los principios fundamentales son cinco: 1) El destino universal de los bienes terrenales; 2) El bien común de la humanidad; 3) Solidaridad; 4) Participación; y 5) Subsidiariedad. Es una obligación para los católicos el ser moralmente coherentes, fundamentados en la propia conciencia que es una e indivisible (Nota Doctrinal Sobre la Participación de los Católicos en la Vida Pública, 6). “No puede haber dos vidas paralelas en su existencia: por un lado, la denominada vida espiritual, con sus valores y obligaciones; y por otro lado la denominada vida secular, es decir, la vida familiar, en el trabajo, en las responsabilidades sociales, de la vida pública y de la cultura” (Nota Doctrinal, 7). En este marco de coherencia moral, la Doctrina Social pretende instruir e iluminar las consciencias de los fieles, particularmente aquellos implicados en la vida social y política, de modo que sus acciones puedan siempre estar al servicio de la promoción integral de la persona humana y del bien común (Nota Doctrinal, 6).

Con el fin de mejorar las personas y las estructuras, los fieles están llamados a servir en los diversos sectores de la vida social, con una llamada especial al servicio en la cultura, la economía, y la política. Esta implicación social y política en el área de la cultura se desarrolla en direcciones específicas (Compendio, 557-62). La primera es buscar una garantía para el derecho universal a una cultura humana y civil que esté libre de monopolios o control ideológico. La segunda dirección se refiere al contenido de la cultura, esto es, a la verdad, la cual se opone a toda perspectiva reduccionista acerca del ser humano y la vida.

Los fieles estamos llamados a identificar los pasos que pueden ser adoptados en situaciones políticas concretas con el fin de poner en práctica los principios y valores mencionados anteriormente, sin imponer un marco rígido sobre temas políticos o sociales (Compendio, 565-74). “Uno necesita estar en guardia ante la politización de la existencia que, malinterpretando el significado del Reino de Dios y la transcendencia de la persona, comienza sacralizando las políticas y traiciona la religión de los pueblos en favor de los proyectos de la revolución” (Instrucción Sobre La “Teología de la Liberación”, 17(1)). El realismo cristiano es también cauto acerca de posturas ideológicas y creencias mesiánicas que sostienen la ilusión de que es posible eliminar totalmente el problema de la pobreza de este mundo (Compendio, 183), y “a nadie le está permitido en sus actividades profesionales y sociales apropiarse de la autoridad de la Iglesia para favorecer su opinión” (Gaudium et Spes, 43). La Doctrina Social de la Iglesia respeta la legítima autonomía del orden democrático y no pretende expresar preferencias por esta o aquélla solución institucional o constitucional, ni tampoco entra en cuestiones acerca del mérito de programas políticos, excepto en lo que concierne a sus implicaciones religiosas o morales (Compendio, 424).

El proceso global de toma de decisiones y participación en la vida política debería estar marcado por el principio de prudencia en las actuaciones, con el fin de discernir el verdadero bien en cualquier circunstancia, y de elegir el camino adecuado para lograrlo. Debe existir un primer período de reflexión y consulta con el fin de clarificar y evaluar las situaciones; un segundo momento para diagnosticar, analizar y juzgar la realidad a la luz de los principios y valores mencionados antes de la toma de decisiones; y un tercer momento para la decisión con el fin de elegir entre diferentes opciones para la actuación (Compendio, 547). La Doctrina Social nos proporciona discernimiento, principios, valores, herramientas y guías para la valoración, diagnóstico, análisis, toma de decisiones y acción social.

Guiados por estos principios y valores, debemos promover la reflexión cultural dirigida a discernir acerca de los modelos actuales de desarrollo económico y social (Compendio, 563). Los economistas y los líderes políticos deben repensar la economía, considerando la pobreza de miles de millones de personas y la incapacidad de las actuales estructuras sociales, económicas y culturales para responder a las demandas de un desarrollo genuino(Compendio, 564). Dado que la persona humana es “la fuente, el centro, y el propósito de toda la vida económica y social”, y que el derecho al trabajo es un derecho fundamental que soporta la dignidad de la persona, “el pleno empleo es un objetivo obligado de todo sistema económico orientado hacia la justicia y el bien común, y el desempleo debe ser considerado como un verdadero desastre social” (Compendio, 288, 331).

Los medios sociales, cuyo uso es apoyado por la Doctrina Social, deben ser utilizados para promover el bienestar de los cristianos y el progreso de la humanidad (Inter Mirifica, 2, 13), mediante la formación, el apoyo y el avance de una opinión pública de acuerdo con la Ley Natural y los principios y valores anteriormente mencionados (Inter Mirifica, 14). Debemos estar familiarizados con las normas de la ética y moralidad y ponerlas en práctica; las noticias comunicadas deben ser siempre verdaderas y completas, dentro de un marco de justicia y caridad, y deben ser buscadas y comunicadas de un modo que sea apropiado, decente, y con pleno respeto por los derechos legítimos y la dignidad de las personas (Inter Mirifica, 4-5).